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Patricia Urquía vuelve a sonreír

Tras veinte meses de rehabilitación y el consejo médico de abandonar el deporte, la velocista logroñesa reaparece en los 200 metros con una marca de 24.52

El último fin de semana de abril, la velocista logroñesa Patricia Urquía regresó a la pista durante la primera jornada de la Liga Iberdrola de clubes con el Atlético San Sebastián. Cruzó la meta en tercera posición en los 200 metros lisos con un tiempo de 24.52. Atrás quedaban casi dos años de incertidumbre, quirófanos y una exigente rehabilitación por una grave lesión de rodilla.

A sus 27 años, Patricia Urquía es una figura consolidada en el atletismo riojano. Posee los récords autonómicos de 100 y 200 metros al aire libre, y el de 200 en pista cubierta. Ha sido campeona de España Sub23 e internacional con la selección. A principios de la pasada temporada, su estado de forma era óptimo. Venía de proclamarse subcampeona universitaria en 200m, defendiendo a la UNIR. Tras una carrera en abril donde paró el cronómetro en un prometedor 24.09, la situación se truncó.

Semanas después, durante un mitin en Barcelona, la rodilla izquierda avisó con un pinchazo. Al dolor inicial le siguió una inflamación continua que le impedía incluso aguantar de pie su jornada laboral. A finales de junio llegaron los resultados de la resonancia magnética. El diagnóstico reveló un desprendimiento de cartílago en el cóndilo interno del fémur, que derivó en una úlcera ósea y afectación nerviosa. El primer consejo médico fue tajante: «Con esto ya no vas a poder volver a correr, te tienes que retirar«, le advirtieron. A falta de quince días para el Campeonato de España, le recomendaron correrlo bajo su responsabilidad, dado que sería el último.

Urquía no aceptó ese final. Tras probar sin éxito métodos conservadores durante todo el verano, el doctor Amestoy le ofreció intervenir. Le aclaró que la cirugía, que implica retirar a mucha gente de la práctica deportiva, solo le daría una oportunidad de intentarlo. «Yo, que soy cabezota como yo sola y me agarro a un clavo ardiendo, dije que a por ello iba«, explica la atleta. Para empeorar todavía más su estado anímico, el proceso sumó trabas administrativas. «En el momento en el que a mí me dieron fecha para operarme, el seguro me cerró el expediente«, relata, lo que la obligó a asumir las gestiones y los gastos por su cuenta.

Al abrir la articulación en noviembre, la artroscopia reveló una falta de cartílago superior a la esperada. Fue necesario limar la zona, realizar microfracturas en el fémur para generar tejido nuevo y colocar una malla protectora. La recuperación exigió una paciencia extrema. Pasó seis semanas de forma literal «en plan flamenco«, sin poder apoyar el pie para permitir que la malla se asentara.

Reaprender la movilidad fue un reto físico y mental. «Llegué a sentir frustración por tener 26 años y no saber andar. Tenía que ir al fisio porque no sabía mover el pie, no me atrevía a soltar las muletas«, confiesa. En verano comenzó a trotar y, al intentar recuperar la velocidad y el impacto en noviembre de 2024, sufrió una rotura en el sóleo de la misma pierna. Asumió el contratiempo como una parte natural del proceso. «Por mucho que haya hecho rehabilitación, el momento de obligar a los músculos, tendones y ligamentos a funcionar rápido puede generar roturas«, comprende ahora con calma.

Afrontar procesos médicos complejos no es algo nuevo para ella. Entre 2019 y 2020 padeció una severa dolencia de espalda que la apartó de las competiciones. En aquel entonces, la falta de un diagnóstico claro la llevó a plantearse el abandono, aunque logró regresar para proclamarse campeona de España. Esa experiencia previa le sirvió para encarar esta nueva etapa con otra perspectiva y rechazar el dolor crónico como compañero de entrenamientos.

Su primer contacto con el tartán tras la cirugía de rodilla fue cauto. En la temporada de pista cubierta de este 2026 participó en un relevo de 4×400 para volver a sentirse atleta, evitando la tensión de los tacos de salida y la presión de las marcas individuales.

El verdadero retorno llegó en el 200 al aire libre de la cita liguera. Volver a ocupar una calle en solitario le pasó factura emocional. «La carrera fue un poco catastrófica en cuanto a gestión de nervios y ubicarme en la pista«, admite. «Pero en el momento en el que crucé la meta me puse a llorar. No quería ponerme ahí a llorar en medio de todos, pero fue como decir: ya está, ahora sí, he vuelto a correr«. La marca de 24.52 superó sus propias previsiones tras casi veinte meses sin disputar su prueba.

Para proteger su cuerpo, ha modificado por completo sus rutinas bajo la tutela de un nuevo entrenador, Eusebio González. Ahora integra un grupo de trabajo masculino, una novedad en su carrera. Dedica más tiempo al trabajo de fuerza para proteger la espalda y las articulaciones. «Estoy moviendo más kilos que nunca«, asegura. Además, ha reducido el volumen en pista: «No corremos todos los días, y creo que es algo que me ha venido bien para recuperar«.

Su meta a corto plazo es conseguir la marca mínima para disputar el Campeonato de España absoluto en Málaga. No obstante, el objetivo vital ya está cumplido. La atleta logroñesa ha dejado claro su motor principal en este largo desierto. «Quiero ser yo la que decida cuándo voy a dejar de correr. Seré yo la que decida cuándo lo dejo y no un señor que ha visto una foto«. De momento, Patricia Urquía ha vuelto a la pista y ha vuelto a sonreír.

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